RF & CORONAVIRUS

Por: Samuel Mantilla. La revisoría fiscal y los coronavirus. Intentando ver el horizonte más allá de las nubes negras

No hay aseguramiento de que vayamos a sobrevivir a la pandemia del COVID-19, ni que de lograrlo vayamos a conservar nuestros puestos de trabajo y/o las actuales empresas y mercados.

Hay esperanza de que la pandemia termine rápido y que se logre un nuevo normal. Y, en medio de ello, esfuerzos por “mantenerse a flote” o por “mostrarse,” en un intento de mercadeo para decirles a todos los conocidos “sigo vigente en el mercado.”

Los procesos de preparación, presentación, revelación, control interno, auditoría y aseguramiento de la información financiera, de la información no-financiera, y de la información tributaria muy seguramente continuarán siendo una necesidad social y de los distintos mercados, pero no según las mismas condiciones a como tradicionalmente se han realizado.

Los cambios necesarios a la presentación de reportes corporativos a nivel global empezaron a sentirse con fuerza desde hace unos años y las nuevas condiciones los acelerarán. Todavía no se sabe en concreto cómo serán, porque deberán responder a las nuevas condiciones económicas y empresariales ‘después de la pandemia.’

La globalización será diferente, con un mayor énfasis puesto en lo local. Los estándares internacionales (IFRS y US GAAP), así como sus emisores, tendrán que adaptarse a las nuevas condiciones y ello significará que surgirán nuevos estándares y nuevas prácticas. E incluso otros emisores.

Colombia no es ajena a esa situación. Habrá un nuevo horizonte. No están claros los nuevos protagonistas, porque primero deberán despejarse las nubes negras del presente.

La revisoría fiscal difícilmente va a sobrevivir, a menos que se realicen oportunamente las transformaciones que necesita. Deberá sobreponerse al coronavirus contable y adicionalmente, después del COVID-19, deberá ajustarse a las nuevas condiciones empresariales y de los mercados.

Sobreponerse al coronavirus contable

En un comentario anterior introduje la expresión ‘coronavirus contable.’ Soy, quizás, el único que no está de acuerdo con la ética en consonancia que, presionada por la vía legal, pretende que los contadores públicos implementen dos códigos de ética completamente diferentes y lo hagan ‘en consonancia,’ pasando por alto por lo menos cinco siglos de la civilización humana que ha aprendido que la ética aplicada tiene que ser una sola o no es ética.

Alguien me comentó que yo estaba equivocado porque los dos códigos de ética usan la misma definición de ética que tiene el DRA y que, además, la consonancia es una práctica acostumbrada en muchas profesiones. Le respondí: “¡Sin comentarios!” (Porque no ha leído ninguno de los dos códigos y tampoco el decreto que introdujo ello).

La ética ‘en consonancia’ es, quizás, el enemigo más dañino que corroe internamente la profesión de los contadores: el tener dos códigos de ética diferente que se deben aplicar ‘en consonancia,’ que permite, entre otras cosas, poder ejercer simultáneamente funciones públicas y ejercer en negocios particulares. Así como prácticas similares que hoy se consideran ‘normales.’

Lo preocupante es que la profesión ‘está satisfecha’ con la consonancia ética y se aferra a ella porque no quiere que las cosas cambien. Prefiere el status quo o solo mejoramientos marginales que permitan que las cosas sigan como siempre han estado.

En el caso de la revisoría fiscal: el ser un órgano societario interno de la entidad y estar obligada a hacer auditoría de estados financieros que requiere ser independiente frente a la entidad, a la vez que simultáneamente (coetáneamente) ejerce funciones obligatorias por ley y reglamento, pero incompatibles con la auditoría de estados financieros.

Ya van más de 30 años que distintos comités, manteniendo la misma metodología y los mismos enfoques, han buscado realizar actualizaciones de la revisoría fiscal que permitan que siga como siempre ha estado. Hacen diagnósticos de los nuevos problemas que tiene esta institución, pero las soluciones que buscan implementar son las mismas de siempre: más y más normas que prolonguen el esquema tradicional.

Si la revisoría fiscal continúa aferrada al coronavirus contable, muy seguramente no sobrevivirá a las nuevas condiciones después de la pandemia del COVID-19. Pero como las fuerzas vivas de la profesión contable se aferran a esa ética en consonancia, muy posiblemente la revisoría fiscal sobreviva: muy legal, pero no creíble y poco efectiva. Y ello, en épocas de recesión fuerte significa que la paga no se verá.

Ajustarse a las nuevas condiciones

Para sobrevivir con éxito y tener un empoderamiento en el nuevo contexto empresarial y de negocios, la revisoría fiscal necesitará transformaciones de fondo que garanticen sea respuesta efectiva a ese nuevo contexto.

Se hace imperativo, entonces, no tanto realizar análisis jurídicos, lingüísticos o filosóficos, sino entender cómo se están comportando los mercados en medio de la pandemia y analizar las probabilidades de qué puede quedar después.

En el presente, las empresas están enfrentando la pandemia del COVID-19 principalmente en tres escenarios diferentes. ¿Qué futuro tiene la revisoría fiscal en cada uno de esos escenarios?

1. Inmensas dificultades

En los sectores de aerolíneas, turismo, entretenimiento, deporte y espectáculos muchas, pero muchas empresas (grandes, medianas y pequeñas), están en inmensas dificultades a causa del COVID-19. Que están adicionándose a problemas acumulados anteriormente. Las ayudas que están recibiendo son solamente alivios momentáneos que incluso no garantizan van a sobrevivir.

Con el fantasma de empresa en marcha, pero también ante la probabilidad alta de entrar en procesos de liquidación, e incluso desaparecer. Teniendo claro que las prioridades son las reestructuraciones de deudas y el flujo de caja.

Las que tienen revisores fiscales posiblemente continuarán teniéndolos. Pero tales revisores saben que, si se dan las liquidaciones, serán reemplazados por los contralores de las liquidaciones y por legiones de abogados que buscarán resolver los problemas jurídicos.

El margen de maniobra de estos revisores fiscales es muy poco. Con la presión adicional de ‘firmar los balances’ porque las entidades los necesitan para que les otorguen los préstamos y los alivios. Teniendo además tener que certificar la información tributaria y cuanta cosa se les ocurre a las distintas autoridades.

Además, para intentar sobrevivir, este tipo de empresas acudirán a sus consultores y abogados, no a sus revisores fiscales. Un mercado que se vuelve más complicado.

2. Les está yendo bien

Empresas de biotecnología, farmacéuticas, alimentos, domiciliarios, bancos y entidades financieras (grandes, medianas y pequeñas) están teniendo un auge importante dado que sus productos/servicios se convirtieron en de urgencia inmediata para enfrentar la pandemia.

Saben que este auge no será eterno y que para ellas el nuevo normal también va a ser diferente. Las que tienen revisores fiscales muy seguramente los mantendrán. Y como cuando a la empresa le va bien, a todos les va bien, estos revisores fiscales de alguna manera también se verán beneficiados.

Estas empresas han entendido el valor que tiene el control interno, la auditoría interna y la auditoría independiente de los estados financieros. A cargo de profesionales diferentes, con certificaciones internacionales ‘de verdad.’ Una realidad que muy pocos contadores tradicionales quieren entender y aceptar.

Estas empresas, obligadas a tener revisor fiscal, no se ven necesitadas del mismo. Con muy contadas excepciones individuales.

3. Reinventándose

Empresas de todos los sectores (grandes, medianas y pequeñas) que no están aceptando desaparecer, están enfrentando los infortunios de la pandemia resueltos a derrotarlos. Pero entienden que las cosas no continuarán igual a como venían y están reinventándose.

Inicialmente mediante soluciones de urgencia (p.ej., empresas textiles que ahora fabrican mascarillas, fábricas de licores que ahora fabrican alcohol y antibacteriales, restaurantes que venden a domicilio, etc.). Pero dedicando todas sus energías a reinventarse. Intentando ver el horizonte más allá de las nubes negras.

Acuden principalmente a consultores que les ayuden a entender las plataformas, el ecosistema empresarial, la cadena de valor del negocio, la empresa extendida. El aislamiento empresarial no es admisible, el trabajo en equipo es imperativo. El desafío está en la integración, que no es lo mismo que integral.

Las empresas que buscan reinventarse intentarán en el máximo posible organizarse como SAS (entre otras cosas, porque no necesitan revisoría fiscal, que es percibida más como una carga que como una solución). Un enfoque impulsado por prestigiosas firmas de abogados.

En este tipo de empresas, la consultoría, el control interno, la auditoría interna, la auditoría independiente de estados financieros, y la seguridad cibernética, adquieren mayor relevancia y son utilizadas intensamente. Pero, y aquí está lo importante, estos servicios dependen de procesos integrados, no de responsabilidades individuales.

La revisoría fiscal tradicional depende de responsabilidades individuales, acumuladas todas en un contador público persona natural. Asociada a entidades legales individuales. El asunto no se resuelve con ‘auditoría de grupos’ porque ésta se refiere solo a auditoría de estados financieros, y porque el ecosistema no es un conjunto de entidades legales del mismo propietario (¡No hay consolidación!) sino una red de procesos (¡La cadena de valor!).

Se hace imperativo, por consiguiente, que los procesos de control interno y auditoría estén bajo la responsabilidad de profesionales independientes, integrados, pero no relacionados.

Para sobrevivir con éxito, las responsabilidades hoy asignadas a un solo revisor fiscal tienen que separarse según los distintos procesos (auditoría independiente de estados financieros, auditoría interna, control interno, certificaciones, cumplimiento). La transformación se convierte en imperativo para tener éxito más allá de la pandemia.

El residual

Como siempre, queda el residual de la revisoría fiscal en conjuntos residenciales, personas naturales y otras. Un mercado que, gracias a su obligatoriedad, continuará existiendo. ¿Pero, si los clientes no tienen con qué pagar los servicios del revisor fiscal?

Como dije al principio de estos comentarios, en el presente no hay aseguramiento de que vayamos a sobrevivir a la pandemia del COVID-19, ni que de lograrlo vayamos a conservar nuestros puestos de trabajo y/o las actuales empresas y mercados. Estamos en plena pandemia.

Mi esperanza, desde años atrás, ha sido que se transforme la revisoría fiscal y sus funciones sean distribuidas en profesionales independientes (preferiblemente contadores públicos). Pero las fuerzas vivas de la profesión siempre han estado más interesadas en mantener las prácticas tradicionales.

La clave está en la ética de verdad, no en la ética en consonancia.

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