¿Pueden los contadores salvar la tierra?

Actualizado: oct 18




Por Joel Makower - ¿Pueden los contadores salvar la tierra? No cuenten con ello


Documento original: Can accountants save the earth? Don’t count on it. By Joel Makower [Chairman & Co-founder GreenBiz Group] October 12, 2021.


¡Saludos contadores!


Las acciones de la profesión de las viseras verdes han aumentado crecientemente, dado que las compañías buscan abordar sus desafíos de sostenibilidad. Dice la teoría, la capacidad de los contadores para traducir riesgos y oportunidades en números nos permitirá al resto de nosotros evaluar los impactos financieros y valorar la capacidad de recuperación de un producto, marca o compañía dado.


Y mediante incorporar en la estrategia y las operaciones los riesgos relacionados-con-el-clima, las compañías pueden realizar los tipos de cambios significativos que se necesitan para abordar la crisis climática, la crisis de la diversidad y todo lo demás.


El año pasado, más o menos, ha sido testigo de un frenesí de actividad que parece reforzar esa teoría. Las Cuatro Grandes firmas de contabilidad - Deloitte, PwC, Ernst & Young y KPMG – han estado ampliando sus departamentos de auditoría con servicios de aseguramiento de ESG, al tiempo que invirtieron millones en entrenamiento de sus empleados sobre esos problemas. Hay una cacofonía de estándares desarrollados por grupos tales como la Sustainability Accounting Standards Board (ahora la Value Reporting Foundation), la Global Reporting Initiative, el International Integrated Reporting Council, la Climate Disclosure Standards Board y CDP. Existe la atractiva perspectiva de que esos grupos alineen sus estándares vía el consorcio global propuesto liderado por la International Financial Reporting Standards Foundation y la International Accounting Standards Board.


La idea de convertir cada tipo de impacto en dólares, euros, yenes u otra moneda es seductora. Pero no tiene sentido.


Por no hablar del creciente impulso para que las compañías lleven a cabo la contabilidad del carbón, o los trillones de activos administrados por inversionistas institucionales, quienes ahora están requiriendo que las compañías del portafolio revelen una pequeña montaña de datos ambientales, sociales y de gobierno.


Tal y como recientemente dijo Kevin Dancey, CEO de la International Federation of Accountants: “Los contadores necesitan traducir en números los riesgos y las oportunidades. Sin la cuantificación de los riesgos y oportunidades, las compañías encontrarán muy difícil evaluar el impacto financiero y la capacidad de recuperación del negocio”.


Si todo se junta, continúa la teoría, los contadores se convertirán en el eje de esos y otros esfuerzos, tomando datos ambientales y sociales dispares y armonizándolos en métricas financieras – dólares, euros, yenes, yuanes, etc. Ello les permitiría más fácilmente valorar y comparar cómo las compañías y otras instituciones están respondiendo a los desafíos de hoy – y, presumiblemente, ayudándoles a avanzar más y más rápido. En el camino, los trituradores de números se convertirán en los cambiadores del juego.



Imposible y peligroso


La realidad es mucho más compleja.


Considere un artículo reciente sobre el tema publicado en la Stanford Social Innovation Review. Titulado “Heroic Accounting” [‘Contabilidad heroica’], sugiere que los esfuerzos para monetizar los impactos de las compañías “son seductores, imposibles y peligrosos”.


¡Ay!


El artículo – de Andrew A. King, profesor de la Questrom School of Business de Boston Universitu, y Kenneth P. Pucker, profesor titular de la Fletcher School en Tufts University y anteriormente director de operaciones jefe de Timberland – asume la “contabilidad del impacto”, en la cual las compañías intentan dar un valor monetario a un rango amplio de impactos tanto tangibles como intangibles.


Intenta, escriben King y Pucker, “tabular cada manera como las compañías individuales influyen en el bienestar planetario – incluyendo utilidades económicas, empleo, igualdad social, biodiversidad y clima – y traducir todas ellas en una sola medida de impacto, representada en dólares y centavos”.


Un rango amplio de intereses parece están de acuerdo con el potencial de la contabilidad del impacto, observan. “La Unión Europea, el Word Business Council for Sustainable Development y un consorcio de corporaciones multinacionales, todos ellos están desarrollando métodos de contabilidad del impacto, tal y como lo hace la Capitals Coalition, un grupo de 380 entidades, que incluyen The World Bank, Walmart y el UN Environmental Program. Varias firmas de consultoría – lideradas por KPMG, BCG y PWC – han desarrollado sus propios métodos para valuar el impacto total de una compañía.


Y una iniciativa de Harvard University centrada en la Impact Weighted Accounting [Contabilidad del impacto ponderada] tiene una junta asesora que incluye figuras destacadas de administración de activos, banca, abogacía, filantropía y academia”.


Pero ello no tiene sentido, dicen King y Pucker. La peligrosidad, escriben, se produce cuando quienes proponen la contabilidad del impacto “proponen traducir los impactos sociales, humanos y ambientales en valores en dólares para elevar los hasta ahora impactos minimizados”. La complejidad, por no mencionar la subjetividad impuesta por los diseñadores de las estructuras de la contabilidad del impacto, podría llevar a un rango amplio de resultados indeseables.


Considere los viajes por avión, que el proyecto de Harvard considera un bien de lujo. Sin embargo, observan King y Pucker, una sola aeronave incluye personas que viajan por muchas razones: para un evento familiar importante, para atender a un enfermo, para una entrevista de trabajo o para tomar unas vacaciones ‘de lujo’”. Hacer valoraciones sobre los impactos sociales y ambientales de tales vuelos con base en tales criterios parece arbitrario en el mejor de los casos, sin olvidar la valuación de innumerables millares de otros productos y servicios, y los millones de ingredientes que los componen.


Los coautores escriben:


“Crear valuaciones de cada impacto para cada compañía requerirá el trabajo de muchas personas, para medir, validar y valorar los impactos de la compañía. Parece probable que docenas de miles, quizás cientos de miles de analistas se necesitarían para crear esas medidas. Claramente, estarían comprometidos en actividades que influyen en el interés público.
¿Cómo serían seleccionados y gobernados? Si son seleccionados por intereses privados, ¿qué les da el derecho a hacer juicios de valor acerca de cosas que varían desde grasas trans hasta armas y hasta viajes aéreos? Si son seleccionados mediante un proceso democrático, entonces la escala y el alcance del gobierno tendrán que incrementarse dramáticamente; los funcionarios del gobierno necesitarían decidir el valor de cada cosa para todo”.

Ellos concluyen: “Desafortunadamente, la contabilidad del impacto es probable que cree más problemas que los que resuelva”.


Sin duda, esto es desalentador, pero también de alguna manera reconfortante: que esas estructuras propuestas, que tienen la intención de transformar la economía global para abordar el cambio climático y una miríada de otros problemas, estén siendo examinados de manera apropiada. Incluso si no nos gustan todas las respuestas.


Después de todo, la idea básica permanece seductora: la Compañía A tiene una utilidad económica de X, pero tiene externalidades que pueden calcularse cuestan Y. Crear una medida sencilla, comparable, a través de sectores y fronteras, podría ser de gran ayuda para inversionistas, reguladores y consumidores.


Nuevamente, esa es la teoría. En una conversión realizada la semana pasada, Ken Pucker señaló que tales nobles actividades no siempre dan resultados. Por ejemplo, la ley de 2002 de los Estados Unidos, conocida como Sarbanes-Oxley, que ordenó que las compañías reporten la ratio entre el pago a los ejecutivos y a los trabajadores promedio, no ha cerrado esa brecha; de hecho, ha empeorado. Y la ley federal que requiere que ciertos restaurantes de cadena revelen información sobre calorías y nutrición no ha reducido exactamente la obesidad.


Quede claro, ni King ni Pucker están diciendo que esas estructuras sean innecesarias, o que quienes las proponen no estén bien intencionados.


“Me encantaría si cambiáramos el precio real del agua, el precio real del carbono, y que los contadores incorporaran esos precios en nuestros estados de P&G”, me dijo Pucker. “Aceleraríamos la transición hacia la energía renovable, aceleraríamos la transición hacia el almacenamiento, y eliminaríamos más rápido los combustibles fósiles”.


Añadió, hablando de su artículo y el de King: “Espero que lleve a una discusión honesta sobre este tema. Tenemos tiempo limitado, y necesitamos encontrar soluciones con el máximo apalancamiento. Prefiero centrar la conversación más en cosas que considero tendrán más influencia que esto”.


No tuvimos tiempo para profundizar en cuáles serían esas cosas de mayor apalancamiento. Por ahora, aceptaré con gusto la discusión honesta – el valor de la cual es, sin duda, incalculable.


Traducido por Samuel Mantilla bajo autorización. Ni los autores ni los editores revisaron y/o aprobaron previamente la traducción.

27 vistas0 comentarios