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Poner la naturaleza en el balance


Por John Hughes – Poner la naturaleza en el balance (aunque todavía no del todo…)


Documento original: Getting nature on the balance sheet (although not quite yet…)


The University of Waterloo’s Impact Centre on Climate Adaptation ha publicado Getting Nature on the Balance Sheet: Recognizing the Financial Value provided by Natural Assets in a Changing Climate. [Poner la naturaleza en el balance: reconocer el valor financiero proporcionado por activos naturales en un clima cambiante].


Los autores acreditados son Joanna Eyquem, Bailey Church, Roy Brooke y Michelle Molnar. El reporte se centra en el desafío de “integrar el reconocimiento del rol y el valor de los activos naturales dentro de una franja de tiempo que respalde la inversión acelerada en soluciones naturaleza-clima”, identificando “tres vías para el enfoque de corto plazo” tal y como se describe en el resumen ejecutivo:


  • Exclusiones de contabilidad inversa del activo natural: Remover de los estados financieros del sector público la exclusión explícita de los activos naturales, entendiendo que esto no obliga que las entidades del sector público incluyan recursos naturales en sus estados de posición financiera…

  • Establecer guías y estándares para el activo natural nacional: Establecer guías prácticas y estándares nacionales para inventario, administración, y valuación de los activos naturales del gobierno local. El desarrollo actual de un estándar nacional para el inventario del activo natural es el primer paso en este proceso…

  • Comprometer instituciones financieras en la acción positiva-frente-a-la-naturaleza: Comprometer instituciones financieras y organizaciones canadienses en probar y refinar el borrador de la estructura del Task Force for Nature-Related Financial Disclosures [Grupo de trabajo para las revelaciones financieras relacionadas-con-la-naturaleza] (éste fue publicado en abril de 2022 para prueba piloto y revisión, haciendo mención específica de las soluciones climáticas naturales como una oportunidad para mejorar la capacidad de recuperación natural) y hacer inversiones que construyan capital natural. Esto incluye tanto hacer inversiones que “no hagan daño”, así como también invertir de manera activa en soluciones que mejoren y restauren la naturaleza y los servicios del ecosistema proporcionados a las gentes…


El primer elemento se refiere al hecho de que la actual Conceptual Framework for Financial Reporting in the Public Sector [Estructura conceptual para la presentación de reportes financieros en el sector público] especifica que ciertos tipos de activos deben ser excluidos del reconocimiento en los estados financieros, que incluyen “recursos naturales y terrenos de la Corona que no hayan sido comprados” (y también, de paso, “obras de arte y tesoros históricos”). El reporte señala varias consecuencias y riesgos bajo el estado actual de las cosas, incluyendo:


  • Toma de decisiones mal informada: Los costos del daño a la infraestructura natural o los beneficios de la restauración no están factorizados de la manera apropiada en la toma de decisiones económica. En consecuencia, las ganancias monetarias de corto plazo que a menudo orientan la degradación de los activos naturales frecuentemente son priorizadas por encima del valor económico de largo plazo de los servicios prestados año tras año por activos naturales intactos.

  • Pasivos desconocidos o no-documentados: Los activos naturales degradados pueden, de otra manera, presentar pasivos no-documentados. Por ejemplo, un acuífero degradado puede llevar a costos sustanciales para encontrar o construir una fuente alternativa de agua confiable.

  • Representación inapropiada de activos naturales como un costo general: Considerando que los costos de administrar y mantener activos naturales se incluyen en los reportes financieros, el valor de los servicios derivados de esos activos actualmente es excluido. Los reportes financieros por lo tanto típicamente tergiversarán la contribución de los activos naturales al presupuesto general de la entidad del sector público.

  • Dificultad para asegurar inversión privada en soluciones basadas-en-la-naturaleza: La exclusión de los activos naturales de la presentación de reportes financieros del sector público hace difícil demostrar el retorno financiero sobre la inversión en soluciones basadas-en-la-naturaleza.


Al exponer ello, la publicación tiene el buen juicio de resistirse a sacar el viejo y gastado bulo de que “lo que consigue ser medido consigue ser administrado” (si bien está cerca en señalar que “los elementos que no se reconocen corren el riesgo de ser mal administrados”). Tal y como antes hemos abordado, hay un fuerte atractivo intuitivo para la premisa de medido/administrado, respaldada por los ejemplos arriba citados, entre otros innumerables. Pero entonces usted tiene a George Monblot:


  • A menos que algo sea intercambiable por dinero, un signo de libra o dólar colocado frente a él no tiene sentido: el precio representa una expectativa de pago, de acuerdo con tasas del mercado. Al fijar el precio de un río, un paisaje o un ecosistema, o lo que usted esté alineando para la venta, en cuyo caso el ejercicio es siniestro, o no lo es, en cuyo caso carece de significado.

  • Todavía más engañosa es la expectativa de que podemos defender el mundo viviente mediante la mentalidad que lo está destruyendo. Las nociones de que la naturaleza existe para servirnos; que su valor consta de los beneficios instrumentales que podamos extraer; que este valor puede ser medido en términos de efectivo; y que lo que no puede ser medido no importa, han probado ser letales para el resto de la vida en la Tierra. La manera como nombramos las cosas y pensamos acerca de ellas – en otras palabras, las estructuras mentales que usamos – ayuda a determinar la manera como las tratamos.


Tal y como previamente sugerí, si pensamos acerca de ello en un contexto de administración, debería ser posible ver ambos lados. Hay poca duda de que algunas entidades podrían afirmar plausiblemente que controlan mejor las implicaciones ambientales adversas de sus actividades, como resultado de tener una manera de cuantificar esos impactos, y luego establecer objetivos y monitorear el progreso relacionado con ellos. Por otra parte, la mayoría de nosotros puede recordar ejemplos de nuestras pasadas o presentes vidas de trabajo sobre cómo la orientación hacia lograr objetivos numéricos puede ser contraproducente, en el peor de los casos ignorando o incluso socavando su punto subyacente. Aun así, la orientación general hacia menor representación de tales materias es seguramente lo mejor, si se lleva a cabo con plena conciencia de los desafíos que le acompañen. Queda por ver si el documento tendrá éxito en acelerar ese proceso…


Las opiniones expresadas son solamente las del autor.

Esta traducción no ha sido revisada ni aprobada por el autor.


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