Pequeño es hermoso

Por John Hughes – Pequeño es hermoso – una toma de la contabilidad

Recientemente tuve la oportunidad de leer el libro de 1973 de E. F. Schumacher Small is Beautiful: a Study of Economics as if People Mattered [Pequeño es hermoso: un estudio de la economía como si la gente importara], inspirado en una publicación en el blog Brain Pickings de Maria Popova.

Popova dice: “Compartiendo una afinidad ideológica con mentes tan influyentes como Tolstoy y Gandhi, Schumacher es una obra maestra de contracultura inteligente, aplicando la sabiduría más profunda e intemporal de la historia a los problemas más apremiantes de la vida moderna en un esfuerzo para educar, elevar e ilustrar.” El objetivo general se puede adivinar desde el título – que la economía enfatiza las cosas equivocadas, para fines contra productivos y probablemente incluso catastróficos. La mayor parte del interés ahora, inevitablemente, proviene de trazar el alcance en el cual las opiniones y observaciones de Schumacher parecen que tienen o no fecha, pero en general puntúa bien en este frente; en todo caso, incluso más cuando se intenta anticipar el panorama posterior-a-la-pandemia. Cita con aprobación un comentario reciente sobre “el cuestionamiento fundamental de los valores convencionales que has personas jóvenes hacen (como un) síntoma del malestar generalizado con el cual nuestra civilización industrial crecientemente es considerada.” En un tiempo en que grandes partes de esa civilización industrial (las aerolíneas serían un ejemplo destacado) parecen ser, para el futuro previsible, una sombra de lo que fueron, y cuando inquietudes de varios tipos se encuentran en niveles más altos en la memoria viviente, cualquier input informado sobre el cuestionamiento constructivo ciertamente permanece relevante.

Para un contador, el libro tiene un par de puntos extravagantes. Schumacher reconoce que organizaciones de escala granda están aquí para quedarse, al tiempo que enfatiza los “peligros para la integridad del individuo cuando se siente como nada más que un pequeño engranaje en una enorme máquina” – postula que la “tarea fundamental es lograr la pequeñez dentro de las grandes organizaciones” y para este fin establece cinco principios. Uno de ellos, denominado “el principio de la identificación” establece:

  • Cada unidad subsidiaria o cuasi-firma debe tener tanto una cuenta de utilidad y pérdida como un balance general. Desde el punto de vista de la disciplina el estado de utilidad y pérdida es bastante suficiente, dado que a partir de esto uno puede conocer si la unidad está o no contribuyendo financieramente a la organización. Pero para el emprendedor, el balance general es esencial, incluso si es usado solo para propósitos internos…

  • El éxito de la unidad debe llevar a mayor libertad y alcance financiero para la unidad, mientras que el fracaso – en la forma de pérdidas – debe llevar a restricción y discapacidad… El balance general describe la sustancia económica tal y como es aumentada o disminuida por los resultados actuales. Esto les permite a todos los interesados seguir el efecto que las operaciones tienen en la sustancia. Las utilidades y pérdidas se llevan adelante y no se anulan. Por consiguiente, cada cuasi-firma debe tener su balance general separado, en el cual las utilidades puedan aparecer como préstamos para el centro y las pérdidas como pérdidas desde el centro. Esto es materia de enorme importancia sicológica.

Por supuesto, esto realmente no funciona desde la perspectiva del contador – no hay manera confiable de generar un estado confiable de utilidades y pérdidas que no involucre la construcción de un balance general al comienzo y al final del período (tal vez Schumacher estaba pensando en la presentación de reportes financieros en gran parte como a ser dirigida sobre una base de efectivo, pero por supuesto esto rápidamente podría llevar a que los usuarios se extravíen). Pero el énfasis puesto en el balance general como un mecanismo de accountability es exactamente correcto, y el interés en cómo la presentación de reportes financieros funciona como un asunto sicológico todavía parece mucho más raro de lo que debería. Aquí algunas veces he citado (por ejemplo, en el contexto de las medidas que no son PCGA) cómo los comentaristas inventan una noción completamente inverosímil del comportamiento del inversionista para los propósitos de señalar el supuesto daño de alguna práctica u otra. Ahora más que nunca, si la presentación de reportes financieros no está contando historias reales y comprensibles acerca de capacidades de debilidades, entonces inherentemente está paralizada.

Al final del libro, Schumacher enfatiza la virtud de la prudencia. Por supuesto, este concepto es regularmente evocado en las discusiones acerca de la contabilidad – a menudo para el propósito de golpear los estándares actuales contra la cabeza. Hay muchos que consideran que la estructura conceptual debe dar mayor énfasis a la prudencia o conservatismo, incluso si esto puede constituir una forma de sesgo. Pero Schumacher usa la palabra de una manera muy diferente, citando de otra fuente que “la preeminencia de la prudencia significa que la realización del bien presupone conocimiento de la realidad. Solo puede hacer el bien quien sabe cómo son las cosas y cuál es su situación.” Agrega con sus propias palabras que “la prudencia no puede ser perfeccionada excepto por una actitud de ‘contemplación silenciosa’ de la realidad, durante la cual los intereses egocéntricos del hombre pueden al menos ser temporalmente silenciados.” Difícilmente es práctico, sin duda, pensar que los debates acerca de la contabilidad puedan ser realizados con tal mentalidad (y con seguridad, Schumacher se basa aquí en conceptos explícitamente cristianos – en otro lugar en el libro se apoya fuertemente en el budismo). Sin duda, lo mejor de nosotros puede diferir de si (digamos) la preferencia por el valor razonable sobre el costo histórico refleja un triunfo o más una sumisión a los intereses egocéntricos del hombre. Felizmente al menos podemos esforzarnos en considerar – sí, ¡incluso cuando practiquemos la contabilidad! – cómo nuestras acciones y posiciones se conforman a una noción considerada e informada de “hacer el bien.”

Las opiniones expresadas son únicamente las del autor.

Esta traducción no ha sido revisada ni aprobada por el autor.

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