IFRS - ¿Parte del mito neoliberal?


Por John Hughes – IFRS - ¿Parte del mito neoliberal?


Documento original: IFRS – part of the neoliberal myth?


Globalism Failed to Deliver the Economy We Need [El globalismo falló en entregar la economía que necesitamos] anuncia un artículo reciente en The New York Times.


Está escrito por Rana Foroohar. Aquí hay algunos extractos:


  • Durante aproximadamente medio siglo, nuestra economía política se ha basado en el concepto de gobierno del neoliberalismo – la idea de que el capital, los bienes y las personas deben ser capaces de cruzar las fronteras en la búsqueda de los retornos más productivos y rentables. Muchas personas lo asocian con la economía de goteo practicada por Ronald Reagan y Margaret Thacher o incluso las ideas económicas amigables-con-los-negocios expuestas por Bill Clinton y Barack Obama alrededor de los mercados financieros y el comercio. Pero las raíces de la filosofía se remontan más atrás.

  • El término “neoliberalismo” fue acuñado en 1938, en una reunión realizada en París entre economistas, sociólogos, periodistas y hombres de negocios que estaban alarmadas por lo que percibían como el excesivo control del estado sobre los mercados luego de la Gran Depresión. Para ellos, los intereses de la nación-estado y de la democracia podrían generar problemas para la estabilidad económica y política. No se podría confiar en el público votante, y por lo tanto los intereses nacionales (o, más particularmente, el nacionalismo) deben ser restringidos mediante leyes e instituciones internacionales de manera que los mercados y la sociedad pudieran funcionar de la manera apropiada.

  • Instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y organizaciones posteriores como la Organización Mundial de Comercio – grupos que se dedicaban esencialmente a conectar las finanzas globales, el comercio y los negocios a través de las fronteras - … de manera vigorosa defendieron el Consenso de Washington, una serie de principios económicos derivados de los postes de la tienda de campaña de la liberalización del mercado y la globalización sin restricciones. Esas prescripciones generaron más crecimiento que nunca; los cuatro años previos a la crisis financiera del año 2008 fueron uno de los períodos de más fuerte crecimiento financiero del último medio siglo. Pero también crearon cantidades sustanciales de desigualdad dentro de las naciones.

  • ¿Cómo? En parte porque el dinero se mueve a través de las fronteras mucho más fácil que los bienes o las personas. El acuerdo de “capital barato por mano de obra barata” entre Estados Unidos y Asia a partir de los años 1980 benefició a las compañías multinacionales y al estado de China mucho más que a cualesquiera otras entidades, tal y como la investigación académica lo muestra. La revolución Reagan-Thatcher liberó el capital global mediante desregular la industria financiera, y el comercio global fue plenamente liberado durante la era de Clinton, con acuerdos como los TLC [NAFTA] y la eventual adhesión de China a la OIC, que inclinó la balanza de los intereses políticos entre creación de trabajo local y la integración global de los mercados hacia esta última. La idea era que los precios más baratos para el consumidor, provenientes de bienes importados, compensarían los salarios más bajos o incluso más bajos (en términos reales para muchas personas trabajadoras).

  • Pero no fue así. Incluso antes de la pandemia y de la guerra en Ucrania, los precios de las cosas que nos convienen a la clase media desde vivienda hasta educación y atención en salud – estuvieron aumentando más rápido que los salarios. Ese todavía es el caso, incluso con la reciente ola de inflación. La sensación de que la economía global se ha desvinculado demasiado de los intereses nacionales ha ayudado a incentivar el populismo político, el nacionalismo e incluso el fascismo (en la forma de Donald Trump y el movimiento MAGA) con los que hoy lidiamos. Es una amarga ironía que las mismas filosofías que estaban destinadas a reprimir el extremismo político hicieran exactamente lo contrario cuando se llevaron demasiado lejos.


El artículo concluye: “Uno de los mitos más persistentes del neoliberalismo era que el mundo era plano y los intereses nacionales jugarían un papel secundario frente a los mercados globales. Los últimos años han llevado a desechar esa idea. Depende de quienes se preocupan por la democracia liberal crear un sistema que balancee de mejor manera los intereses locales y globales”.


¿Podrían los IFRS ser un síntoma de esos mismos mitos neoliberales, por su naturaleza inherentemente hostil para la democracia liberal? En el momento de su mayor expansión, hace casi dos décadas, el caso para los IFRS a menudo fue expresado en términos transfronterizos. Por ejemplo, tomemos lo dicho por el entonces Chair David Tweedie, hablando en Toronto en el año 2008:


  • Hay un impulso claro hacia la aceptación de los IFRS como lenguaje común para la presentación de reportes financieros en todo el mundo. Hoy, las compañías multinacionales se han beneficiado de costos de cumplimiento reducidos asociados con la remoción de la necesidad de la consolidación de diferentes cuentas nacionales en una sola declaración para satisfacer los requerimientos de su país de origen. Los inversionistas pueden hacer más fácilmente comparaciones de las compañías que operan en diferentes jurisdicciones. Las autoridades regulatorias ahora pueden desarrollar enfoques más consistentes para la supervisión en todo el mundo.


(A propósito, Tweedie también opinó que “hay razón para considerar que en un futuro cercano los IFRS serán adoptados en los Estados Unidos por compañías de los Estados Unidos”, pero ello no importa). ¿Podría ser que los efectos observados por Tweedie, incluso si se han entregado en una forma diferente a la prevista, fueran realmente malos: que, por ejemplo, ¿los costos locales de cumplimiento del tipo que él menciona solo alimentan el impulso corporativo que se describe en el artículo? Si los reguladores son realmente capaces de desarrollar enfoques más consistentes para la supervisión, entonces ¿por qué, catorce años después, todo parece estar inadecuadamente regulado? Si los inversionistas están tan bien servidos por una mejorada facilidad de comparación, entonces ¿por qué el mercado sigue siendo un desastre tan volátil, que sirve a las personas egregiamente sobre pagadas en la parte más alta de la escala corporativa incalculablemente mejor que los stakeholders en su conjunto? ¿Por qué todo ello es desalentador a-través-de-la-junta?


Por supuesto, esto es solamente un experimento de pensamiento. Sin duda se puede y se debe argumentar que, en ausencia de los IFRS, ciertos aspectos de las cosas podrían aún ser más disfuncionales que como ahora son. Pero la noción de que las cosas podrían empeorar, en sí misma no las hace mejores…


Las opiniones expresadas son solamente las del autor.

Esta traducción no ha sido revisada ni aprobada por el autor.


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